
LO QUE LOS DEPREDADORES NOS DEJARON.
Las dos últimas semanas que pasaron, asistimos azorados (o estuvimos de ingenuos mucho tiempo?) a los testimonios dejados por la administración anterior del gobierno, léase Nicanor y sus termites republicanos (kupi’ises locales): instituciones públicas vaciadas, discos duros de computadoras borrados, carpetas archivadoras sin documentos, vehículos carneados, hospitales públicos sin medicamentos, kits escolares sin distribuir, cajas chicas del MEC sin control, oficinas sin muebles o con personal comisionado hacia no se sabe dónde (VIce Ministerio de la Juventud, por ejemplo).
Con incuestionable crudeza, cobró plena vigencia aquel diagnóstico emitido por Bartomeu Melia en una conferencia en junio del 2001. En esa ocasión, él había apuntado: “El Paraguay en mucho de su imaginario está volviendo a ser cazador-recolector, en vez de ir a la civilización estamos pasando al salvajismo, somos de nuevo cazadores-recolectores…ni siquiera estamos en la fase más civilizada del salvajismo, sino en la fase previa de la caza-recolección, precisamente la de los chupadores, extractores. Son depredadores terribles…destruyen todo, ni siquiera se comen todo lo que han cazado…somos cazadores y recolectores sin rituales ni reglas”. Y como el cinismo es parte del habitus de estos chupadores, hoy ellos se disputan un escaño en el Congreso como si fueran modelos de eticidad y de reconocimiento de la dignidad humana, esa cosa incluida en el artículo primero de nuestra Constitución. Al menos la dupla Nicanor-Oviedo expresa esa visión particular de los depredadores sin ley.
Y DÓNDE ENTRA AQUI EL DERECHO A LA EDUCACIÓN?
La cuestión es simple: al ser la educación un derecho, su garantía, protección y promoción es responsabilidad del Estado y no sólo una preocupación sectorial del Ministerio de Educación y Cultura. Las semanas que pasaron, en ese sentido, nos mostraron la situación en que se encuentra el Estado que tenemos: vaciado, desmontado, pervertido en su función básica de garante de derechos. Al contrario, su funcionamiento es la contracara de lo enunciado en el artículo primero de la Constitución porque, asi como en tiempos de Stroessner (y esto lo describe el Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia), la dignidad no constituye su principio estructurador sino otro elemento más chupado, corroído por los termites que aún pululan por sus pasillos.
Nos urge rescatar aquella idea enunciada en la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos (Jomtien, Tailandia, 2000) cuando se planteaba que la educación básica se refería a una mirada amplia: educación capaz de satisfacer necesidades básicas de aprendizaje de niños, jóvenes y adultos, dentro y fuera del sistema escolar, y a lo largo de toda la vida. Por supuesto que los poderes bastardearon esta mirada que se redujo con los Objetivos de Desarrollo del Milenio a educación escolar básica en el marco de Reformas Educativas implementadas en los 90 en la región y que fracasaron.
Por tanto, nos urge retomar y reinstalar la cuestión educativa, el derecho a la educación en el contexto económico, social y político del país como territorio situado en otro que es regional. Esto supone no focalizarnos en exceso en la POLITICA EDUCATIVA desvinculándonos de las conversaciones sobre LAS POLITICAS. Un botón de muestra: se habla de una propuesta que permitiría alimentar a un millón doscientos mil alumnos/as mediante la instalación de cuatro procesadoras de alimentos. ¿Con qué modelo de producción, de consumo cultural, de reconocimiento de la diversidad es coherente esta propuesta? ¿Cómo se articula esto con cuestiones como la autonomía alimentaria?
Es cierto que hoy se habla de que las economías emergentes (así nos llamamos ahora) serían las grandes protagonistas en el inmediato futuro donde la demanda de alimentos emerge como la oportunidad a ser aprovechada. ¿Oportunidad para quién?, preguntaría Paulo Freire muy pícaramente.
LOS DESAFÍOS ENTONCES.
Pensar, conversar en torno al derecho a la educación como un derecho sensible a la situación y perspectivas de los otros derechos (salud, alimentación, trabajo, vivienda, tierra). Articular lo local con lo nacional y estos, a su vez, con lo regional. No reducir la cuestión educativa al enfoque sectorial aislado de la gestión del MEC como única instancia responsable. Reconocer que el desarrollo y el cambio educativo requieren perseverancia, tiempo y procesos más que proyectos puntuales y de corta duración (esto, por supuesto, va en contramano con la lógica apurada de los partidos políticos).
Además asumir que todo este caminar lo debemos hacer en el sentido inverso de los termites que aún siguen carcomiento la estructura de un Estado que en el papel se define como Estado Social de Derecho pero en la práctica es la principal variable de la violación sistemática de todos los derechos. Educar en tiempos de kupi’i exige conectar estrechamente dos cosas: iguales oportunidades de educación y aprendizaje a lo largo de toda la vida para todos y satisfacción de las necesidades básicas de toda la población, entre ellas la propia educación.