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¿QUÉ DECIMOS CUANDO DECIMOS ANALFABETISMO?

In General on Diciembre 27, 2008 at 5:29 pm

Ante la posibilidad de que el programa “Yo, sí puedo” vuelva a implementarse en nuestro país, comenzó una serie de comentarios, debates, opiniones, posicionamientos que, en principio, apuntan a cuestionar el anuncio del presidente Lugo de contar con asesores provenientes de otros países para la aplicación del mencionado programa que en el 2004 llegó a Paraguay proveniente de Cuba de la mano de Augusto Roa Bastos.

Blanca Ovelar, ex ministra de Educación, incluso afirmó que la decisión expuesta por Lugo “es un acto de menoscabo al docente paraguayo. Levanto enérgicamente mi voz y digo que en muchas cosas podemos recibir cooperación, pero no en alfabetización”.

La Fundación Libertad, por su parte, organizó un debate conjuntamente con la Asociación Rural del Paraguay y otras organizaciones vinculadas a la educación sobre el programa de alfabetización “Yo, sí puedo”. Oilda Ortega, una de las expositoras, señaló: “Considerando que la mayoría de los analfabetos de nuestro país habla en guaraní y casi nada de castellano, los capacitadores del programa “Yo, si puedo” deben ser paraguayos”.

Todos estos posicionamientos, más el discurso del presidente Lugo en Bolivia que se reproduce en el video que da inicio a este post, básicamente no agregan particularmente una visión interesante a la cuestión del analfabetismo porque se apoyan en supuestos que se consideran como obvios, no discutibles. Es más, Lugo nombra el criterio de la UNESCO para definir a un país libre de analfabetismo asumiéndolo igualmente sin una mirada crítica.

BASTA CON QUE LOS POBRES SEPAN LEER Y ESCRIBIR?

Uno de los supuestos duros de la visión restringida del analfabetismo vincula el tema con una dificultad que afecta a los sectores más excluidos (los pobres) de la población. En esta visión la alfabetización se desconecta de las cuestiones asociadas al conocimiento y al poder, y a la lucha política y cultural respecto del lenguaje y la experiencia. Alfabetizar, por tanto, supone adiestrar a estos sectores excluidos para ocupaciones que exigen habilidades de lectura y escritura ‘funcionales’. El otro aparece aquí como un deficiente en el marco de un discurso de privación cultural y la alfabetización se asocia con una teoría deficitaria del aprendizaje.

Sin embargo, uno de los aportes de la visión freiriana de la educación y de los análisis provenientes de la pedagogía crítica, se relaciona con abordar la alfabetización no sólo como algo dirigido a los pobres o conectada con la incapacidad de los grupos subordinados en cuanto a leer y escribir adecuadamente; también se halla fundamentalmente relacionada con formas de ignorancia política e ideológica que funcionan como rechazo al conocimiento de los límites y las consecuencias políticas del punto de vista que se tenga del mundo (Giroux, 1993).

Esta manera de concebir el analfabetismo (o la alfabetización) incluye igualmente a aquellos miembros de la clase media y alta que se han retirado d ela vida pública y han entrado a un mundo de privatización, pesimismo y codicia.

POLITIZAR LA ALFABETIZACIÓN.

Entonces, lo interesante de todo este tema es poder encontrar los caminos que nos permitan efectivamente lograr que lo pedagógico se vuelva más político, y lo político más pedagógico. ¿Cómo podríamos, por ejemplo, generar prácticas pedagógicas que unan a docentes, padres, madres, alumnos, alumnas en torno a visiones más emancipatorias de la comunidad?

Es importante situar nuestra mirada sobre la alfabetización y ello supone asumir con un genuino sentido crítico los discursos tradicionales que circulan sobre la misma. Tomar distancia del mismo criterio formulado por la UNESCO, de las posibilidades de un programa como “Yo, si puedo” y ampliar los alcances de una palabra (que también es una práctica social) como ALFABETIZAR.

Nos urge arrancarla del estrecho marco que lo ubica en el desarrrollo de ciertas habilidades de cálculo, lectura y escritura dirigidas a los sectores pobres de la sociedad. La alfabetización precisa ubicarse en las conversaciones sobre la profundización de nuestra experiencia democrática porque, de lo contrario, seguiremos aceptando pasivamente, por ejemplo, que Evanhy de Gallegos, intendenta de Asunción, decida enrejar entre enero y febrero del próximo año, las plazas de Asunción para evitar que sean ocupadas por manifestantes.

¿La intendenta de Asunción con todos sus concejales deberían ser beneficiados por los módulos del programa “Yo, si puedo”? O tal cosa ya no se justifica porque estas personas ya saben leer y escribir, es decir, ya no son analfabetos, según los criterios de la UNESCO?

El debate está abierto y esperemos que podamos sacarlo de nuestra tradicional lógica de ‘blanco o negro’, ‘Cerro u Olimpia’ y complejizarlo un poco más sólo por el simple riesgo de intentar ser, al menos de vez en cuando, creativos.