La Dirección de Educación Permanente viene manteniendo una serie de reuniones con referentes de organizaciones vinculadas a la educación popular en Paraguay. La idea es construir colectivamente una propuesta que pueda implementarse desde el próximo año en los establecimientos públicos. La información alude, en ese sentido, que lo que se busca es articular las técnicas de educación popular de modo formal.
Es más que seguro que de la serie de conversaciones la propuesta no se reducirá sólo a un simple traspaso de recursos técnicos propios de la Educación Popular al espacio de la educación formal pública. Por dos vías esa opción puede descartarse desde el principio: una de las vías se vincula con los principios y contenidos del derecho a la educación. Los textos normativos que enmarcan este derecho en nuestro país (Constitución Nacional, Ley General de Educación, Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Código de la Niñez y la Adolescencia, por citar algunos), aluden a garantizar la ciudadanía plena, la importancia de partir de la misma cultura de la gente, el desarrollo del pensamiento crítico, la promoción de principios y valores democráticos, el fortalecimiento de la identidad cultural, la formación en el respeto de los derechos fundamentales y en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad, la efectiva igualdad entre los sexos y el rechazo de todo tipo de discriminación. Puntualmente estas cuestiones sostienen igualmente a la misma concepción filosófica y político-pedagógica de la Educación Popular.
La otra vía es la que describe Paulo Freire en el video con el que se inicia esta entrada: la Educación Popular como práctica de la libertad, como expresión del compromiso de “cambiar el mundo malo” con la suficiente capacidad de autocrítica al punto de poder, incluso, reconocer “los autoritarismos en la democracia”.
Por estas dos razones fundamentales, se espera que el espacio convocado por el MEC asuma aquello que el mismo Freire proponía para poder realizar los cambios auténticos: ser sanamente locos o locamente sanos. Transformar este importante espacio en un lugar paralelo a la otra lógica bancaria de la educación pública a la que podría aportar alguna que otra técnica, equivaldría a traicionar dos cuestiones: los principios del derecho a la educación y la propuesta liberadora de Paulo Freire.
El desafío está puesto y la tarea, por tanto, es ocupar el espacio con el compromiso de acercar cada vez más la educación pública a una experiencia que permita reconocer, proteger y promover la dignidad de la persona. El aula debe garantizar derechos y no simplemente pasar información o formar para el trabajo.