Dos informaciones domingueras, aparentemente desvinculadas por la manera en que los medios distribuyen las secciones, se relacionan con las perspectivas de nuestra educación pública. Por un lado, la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) dio inicio oficial a la ejecución del primer programa de apoyo al desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación. El próximo 10 de diciembre se lanzará la Primera Convocatoria a Proyectos de Investigación en Universidades en torno al tema “Ciencia y Tecnología para un desarrollo con inclusión social”. El Conacyt cuenta para el proyecto con un contrato con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Por otro lado, conforme a Raúl Aguilera, actual director general de Educación Superior del MEC, “el país debe frenar la cantidad de maestros de primaria que egresan”. La idea es otorgar prioridad a la formación de docentes del tercer ciclo y de secundaria. “Nuestro interés es la especialización, directamente”, destacó Aguilera. Además, los nuevos responsables del MEC anunciaron que para el 2010 llegará a las aulas de la secundaria un nuevo programa de estudios.
Ciencia, Tecnología y la Cuestión Docente.
Ante la complejidad, siempre tendemos a la simplificación como manera de evitar desafíos. Y justamente el campo de la educación se nos aparece cada vez más como un campo particularmente complejo y esto arroja interrogantes en el momento de enfrentar la cuestión de la formación docente, un aspecto de la cuestión docente. Gabriel Mindlin, físico argentino que anda investigando el canto de los pájaros, plantea a propósito de esto algunos aprendizajes.
“El canto de los pájaros brinda un modelo para entender cómo se aprende algo complicado”. “Los pajaros, al igual que el humano, tienen que ir escuchando, reconfigurando (palabrita clave) su cerebro para cantar. Ahí aparece la posibilidad de entender un mecanismo que habla de cómo el cerebro se reconfigura para hacer algo complicado”. “En la vida, lo que emerge es el resultado de comportamientos muy complejos. Ante esa complejidad, todavía no tenemos un paradigma adecuado. Lo arbitrario, lo caprichoso, son rasgos propios del comportamiento de lo vivo y escapan, por ahora, a lo que nosotros podemos estudiar cuantitativamente”. Estas son algunas interesantes lecciones de humildad científica que nos urge aprovechar y reconfigurar nuestras maneras de entender la educación.
¿Debemos apuntar a la especialización del docente? ¿Especialistas en qué si ni siquiera sabemos qué modelo social, económico seremos capaces de sostener como país? ¿Cuáles teorías de aprendizaje deberíamos utilizar como apoyos? ¿El conductismo, el cognitivismo, el constructivismo? Recordemos que estas teorías fueron desarrolladas en una época en la que el aprendizaje no había sido impactado por la tecnología y ésta ha reorganizado en los últimos 20 años la forma en la que vivimos, nos comunicamos y aprendemos.
Hoy se habla de “la vida media del conocimiento” (lapso de tiempo que transcurre entre el momento en el que el conocimiento es adquirido y el momento en el que se vuelve obsoleto). Actualmente la cantidad de conocimiento en el mundo se ha duplicado en los últimos 10 años y se duplica cada 18 meses de acuerdo con la Sociedad Americana de Entrenamiento y Documentación.
Otra cuestión: inclusive en los enfoques de constructivismo social, el aprendizaje sigue presentándose como algo que ocurre dentro de una persona y hoy precisamos comprender cómo aprenden los colectivos, las organizaciones. Hasta Internet, en su versión 2.0, genera su propio aprendizaje de acuerdo a cómo la utilizamos.
Por allí puede servirnos rescatar ideas planteadas por exponentes de la pedagogía crítica, especialmente Giroux cuando plantea (La escuela y la lucha por la ciudadanía) la educación para maestros como polìtica cultural. Él propone algunos temas que deberían formar parte de la formación docente: 1. el poder: el docente precisa aprender a comprender la relación que existe entre poder y conocimiento; el conocimiento no debe reducirse a su dimensión estrictamente técnica. Esto ya se viene discutiendo desde la década de los 60 del siglo pasado cuando aparecieron los estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad; 2. el lenguaje: el docente debe comprender que el lenguaje no solamente refleja la realidad, sino que desempeña un papel activo en la construcción de ésta. El estudio de la semiótica de las culturas de masas y populares se constituye al respecto como estratégico; 3. la historia: comprender cómo se forman las tradiciones culturales, los diversos modos en que se han construido y entendido los planes de estudio y los textos basados en la disciplina, a lo largo de distintos períodos históricos; disponer de luces sobre las formas en que se borraron, se excluyeron diversas voces en el proceso histórico; 4. la cultura: comprender los lazos entre cultura y poder, y discutir las fronteras y los límites de las disciplinas en la tarea de comprender las realidades.
El derecho a la educación como especialidad.
Todo lo anterior nos remite a la necesidad de plantearnos seriamente que si alguna especialidad requiere tener el docente es la de ser especialista en el derecho a la educación. Profundizar en su contenido nos llevará necesariamente a abordar los temas propuestos por Giroux y también a conectar de manera más creativa las iniciativas. Por ejemplo, nos urge un enlace importante entre el CONACYT y – al menos – el MEC porque necesitamos enlazar entre ambas instancias conversaciones acerca de la relación que deseamos exista entre Ciencia, Tecnología y Sociedad.
Si estas cosas básicas no hacemos, nos quedaremos a nivel del canto de los pájaros, tal como lo formula Mindlin: “su canto tiene un par de significados muy concretos: cuidar territorio y mostrar habilidad reproductiva”.

